Confesiones

Despertarse de mi estado de confusión, mi fuga radial de ideas, abstraerse de mi enjambre de penas y delirios; reconozco que se vuelve menos doloroso cuando ella esta allí; en aquel rincón luminoso de motivos y fantasías donde los ideales se vuelves sentidos, perfume, sabor y caricias.

Pero no hay nada más embellecedor de mi ideología que el saber que fuera de ese mundo de onírica esencia ella si existe, existe ella allí; con sus pasiones pasivas, sus sueños nublados, real. Con todo aquello que junto con lo amable la comprenden en su alma.

Persona, hormonal e impulsiva, racional e inocente; radiante en su juventud aparente y amante a su manera exclusiva. Representación de todo lo bueno, esperanza y compañía.

Que juego tan confuso se libra en mi inconsciente cuando se me presentan estos dos entes, esperanza y compañía. Daría mi tiempo para entenderlo, pero más lo brindaría para estar presente, junto a ella, apreciandome a mi mismo de maneras nunca antes vistas.

Pero aunque en este existir la entropía de los hechos me arrebaten tal deseo, aun me queda en este juego el consuelo de haberte visto mía, de haberte dado todo lo que pude ofrecerte, o al menos lo que pudiste soportar.

Es que tanto es que somos, nunca un fuimos, una historia que entre las humeantes paredes de algún café resonó espumante de cariño y melancolía; y que hasta hoy en ecos sigue moldeando la arcilla de mi vida.

Existís, y sin importar donde o cuando, eso es todo lo que necesito para seguir.

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Eternos momentos

Si quisiera ser certero al contar como es que nuestras miradas se alinearon hacia un mismo horizonte en común, se desde el vamos que no podría; pero me es innegable que en un comienzo vi en ella una cierta introspección que despertó en mí esa vibración tan particular en el centro de mi ser. Esa perenne mirada que abstraída de ese océano de gente y pensamientos me recordaba a mí mismo.

Entiendo posible que en esto de ver a otras personas, en este liquido intento de entender más allá de la materialidad y el contexto, uno tiendo a moldear los prejuicios en formas conocibles, construyendo tal imagen con lo ya conocido, es decir, con uno mismo, proyectándose en lo desconocido, traduciéndolo a un lenguaje amigable. Y es en ese mecanismo donde se nos presenta imposible no ver en el brillo de esa otra mirada el resplandor propio, los mismos deseos, inseguridades, sentimientos; deconstruyendo esa otredad para sentirse entendido y así, menos solo.

Generalmente cuando siento ese no se que, esa duda que va más allá de la proyección tiendo a acercarme, lo que es destacable si tenemos presente en la memoria que este primer paso se me hacía infranqueable en el pasado, quedando culpablemente aislado en las ideas. Así que sin más, dejándome llevar por la incertidumbre me senté junto a ella y le pregunte, ¿En que estas pensando? a lo que se volteo lentamente y mirando justo donde mi inseguridad se hace vulnerable me respondió preguntando, ¿Estas como para hablar en serio? Y aunque no exista una respuesta sincera ante tal complejo acertijo, flotando en las mismas aguas que me habían llevado a sentir el calor de su aura tan de cerca le respondí, que estaba allí justamente, para eso.

A partir de allí ambos nos desenvolvimos capa tras capa; nos fuimos desnudando sinceramente, queriendo ignorar la nefasta posibilidad de que el otro nos rechace, y así, danzando con el compás de confianza que el otro nos prestaba hablamos hasta quedarnos sin palabras, y el silencio, la calma se hizo reposo en el mismo lugar donde se excitaban las brazas, que para el final de esa noche podrían hacer arder a la ciudad entera.

Y en ese momento fugaz y resplandeciente navegamos el firmamento cual asteroide y hundiéndonos en la atmósfera de algún lugar para alguien llamado hogar, fuimos uno, fuimos ese momento; muy lejos de este mundo, de vuestra gente, fuimos todo lo que debimos ser, y solidariamente, por el bien de esta ciudad, tras un beso que ocultaba la despedida, suspiramos tristemente, no sin antes declarar inmortal nuestra bondad.

Bienvenue – Willkommen – Bienvenida

Pasa, ambiéntate con calma, es el único estado en el que se puede andar en la oscuridad, con calma; ya te acostumbraras a este ambiente, conoceremos nuestras palabras, y parecerá que nuestro encuentro lleva descansando por este momento algo más que una borrachera y una perenne mirada. Te pensaba preguntar como estabas, pero ahora encuentro en las posibles respuestas una vaguedad que me alterará y me dejará repleto de nada, así que, vamos directo al meollo de la cuestión; Quién eres tu y quién soy yo? Qué somos y qué seremos?

… Lo se, no hay respuesta alguna para ello, ni vana, vaga o incompleta, no hay palabras suficientes, siquiera considerando cada lengua viva o en aparente reposo. No hay consciencia posible que logre entender todo esto que nos define, y creo yo, que eso es porque hay cuestiones que no deben ser definidas; creo que el camino mas coherente, si se puede forzar tal calificativo en estas palabras, es el de entenderlo sin definirlo, y eso no es más, ni menos, que sentirlo.

Así que avanzando nuevamente, en este bucle eterno, “avanzando”; quien sientes que eres? Intenta en tal ejercicio de entendimiento, luchar en abstraerte dentro del enunciado, es decir “quién” eres, no qué ni cómo, siquiera cuándo. Siéntete como un concepto puro y complejo; un todo divino y amante. Y si así lo prefieres, no te reprimas por los limites de tu lenguaje, de tu consciencia. Deja que esa idea se encause libre por los laberintos pantanosos y cristalinos de tu psiquis.

Lo lograste? embargaría en mi un verdadero sentimiento de felicidad porque sinceramente, yo no lo he conseguido. Es más, lo creo imposible. Ya he desistido a tal punto, que estoy considerando propio del error en todo esto, al mero hecho de intentar ser yo mismo mas allá de mi presencia; es decir, tratar de ver dentro de mis ojos.

Hay que andar con cuidado, salvo que la respuesta sea la locura, te puedo asegurar que lo único que conseguirás al realizar tal intento de introspección sera perderte en un laberinto de palabras y supuestos, que al no ser hecho para ser atravesado, no tiene salidas. Así como al forzar el acceso te convierte a ti, en algo distinto; la idea de abandonarlo es una mera ilusión de esperanza. Una vez que en ti crujen los cimientos de la ideología, siempre andarás equilibrista en el abismo entre los horizontes; cayendo, sin caerte; perdiéndote sin haberte encontrado. Y lo único que te recordara a la seguridad, así sea dentro del constructo de una conversación, sera algún sentimiento de nostalgia, adherido a un aroma familiar, a un calor esperanzador, a una sonrisa momentánea.

Y como luciérnagas en el firmamento, serán tales destellos los únicos referentes de tu mapa, serán tu pasado y tu futuro; tu historia y tu fe.

 

Y es recién aquí donde este juego de palabras adquiere algo de sentido, al menos para nosotros. 

Confieso ante nos, en medio de este bullicio de suspiros e ideas que:

 

.Yo soy.

.Equilibrista entre ideologías.

.Amante del amor y expresionista de mi impresión.

.Soy lagrimas y soy sangre.

.Oscuridad y firmamento.

.Lodo y pasión.

 

.y vos?

 

 

Amor

— Perdón. –Murmuro vivas y atormentado

— ¿Por qué?

— Por lo que acabo de decirte hace un momento. Esa pobre confesión de un amor infante y febril.

— Está bien, no entiendo tu arrepentimiento –y acompañó el ambiente con un movimiento de cabeza-; sí comprendo el rubor de tus facciones, pero no tu vergüenza.

— No es que me arrepiente –dijo meciéndose hacia la fetalidad de la postura, acompañando un suspiro hondo y vacío-, soy responsable de cada juicio que templo, lo comparta o no; y en esto, sí que no hay arrepentimiento. Es algo más complejo lo que me aqueja.

— ¿A que te referís?

— Veras, al marcharte un instante, me cediste el espacio justo para quedarme discutiendo con las más vanas opiniones personales, y luego de esa pequeña asamblea moralista y pasional quedó en aparente evidencia lo innecesario de mi confesión.

Sin motivo explícito, declararte mis más profundos sentimientos, los que alguna vez me quitaron el aliento y me enmarañaron la razón, como si esta tardía declaración bastaría para perdonar 10 años de silencio, cobardía, arrepentimiento, miseria; y el costo y consecuencia de todo eso.

Y aunque lo intenté expresar con soltura y superación; los tropiezos de mi discurso, que me llevaron a declararme en movimientos, culpable de querer esconder la supervivencia de lo que supo encenderme en llamas. Volvió, mis palabras aún más lúgubres y confusas.

Y ahora se, que si por tan solo unos segundos, te hubieses detenido a observarme, lo que ahora es vergüenza, sería una condena, un martirio interminable, eterno y frío; solo yo, yo solo, solo con mis lamentos y mi fugaz pensamiento, un eterno suspiro de toneladas de concreto constriñendo mi pecho hasta transmutarlo en una fina lamina de nada.

¿¡Y para qué?! ¿¡Algo ha de cambiar, acaso?! ¿¡Algo más allá de tu naciente inquietud, tu turbada expresión, tu sonrisa inexplicablemente calma?!

Si en mi vida entera siempre fui el mismo, siempre solo, solo con irreales figuras humanas ante mí, que lejos de ser lo que eran, se manifestaban siempre más entendidas por mi perspectiva sobre ellas que como ellas mismas. Como un completo constructo de mi imaginación, una mescolanza de sentimientos y juicios de valor. ¿¡Que espíritu tiene, tratar de volver mi visión parte de ese mundo puro e irreal?! ¡¿sin que nadie pidiese mis lamentos, quien soy yo para arrojarlos al viento?!…

Por momentos me es irrefutable el sentimiento de soledad. Y es ahí, en ese entonces, donde tiendo a actuar en uso de libertades escondidas, animales, genéticas, cuasi mordidas pero latentes. Y es cuándo, que se me hace duro responsabilizarme por mis efímeros actos.

Por eso, te pido perdón, por incomodar tu estatus quo y comprometer nuestro existir, aquí, ayer y ahora; tal como se venía creando, eterno y momentáneo …

 

— Gracias.

— ¿¡Eh!? – Miraba sus ojos, perdido y confundido, aun sin lograr salir del laberinto emocional donde estrepitosamente se había sumergido

— Por no proteger el silencio –dijo ella con una perenne mirada sobre el hombro del confundido

— Fue un impulso, no hay por qué agradecer… –Dijo silenciosamente mientras sus rasgos iban transmutando en años de tristeza

 

Una mirada corto la habitación en dos tajantemente, y como un nuevo firmamento, reordenando el sentido del universo, marco una línea temporal, un antes y un después, dividió el mundo binaria e inocentemente; destruyo todo lo antes construido y creo mundos sin preceder.

Y allí, abstracta y secamente, navegando en un insondable río de calles y de puentes, envuelta en lágrimas pero sonrientemente, erguida ella, con una mirada que parecía haber nacido junto con el, sollozo…

 

— Yo, yo también te amo.

 

(…)

 

 

 

Destino

Es inevitable, y aunque sé que en el mundo de posibilidades que nos rodea, no hay nada tan absoluto ni tan certero, bien comprendo que la posibilidad de volver a verte mía, se encuentra muy lejos, y ya no creo en mis fuerzas como para hundirme tan lejos.

Así que hago todo lo que puedo, todo…

Me aferro, te grito, y te dibujo, y te vuelvo a ver, como te vi antes. Con los ojos de un demente enamorado; y en la esquina, aquí, sigo esperando, porque cada tanto, una ilusión que me presta la mente, me renueva el alma y me da la sensación de que puedo volver a tenerte.

Que lejos estoy…

de la realidad, que lejos de mí y de tu verdad, que lejos estoy de todos en esta sociedad, tan lejos y tan marchito que hasta me siento agraciado por verme así. Muriendo a lo lejos, te creo y me reivindico.

Solo me resta decirte gracias, por todo lo que fuiste, por encandecer mis ojos con la estética de esa belleza artística que condecora cada pestaña de tu mirada. Ame cuando se alzaba ante mi alma, condenando me en cada segundo de eternidad a conocer la pureza de la vida, hundido, siempre, en lo mas mordido de la inmundicia.